viernes, 17 de junio de 2011

FOTOS E ILUSTRACIONES DE LA GUERRA CONTRA LA TRIPLE ALIANZA

Imágenes e Ilustraciones de la Guerra contra la Triple Alianza


Cadáveres de soldados paraguayos de la guerra grande.  En el Paraguay la guerra exterminó prácticamente a la población masculina, quedando sólo ancianos y algunos niños.
http://guerrapy.blogspot.com/

Guerra de la Triple Alianza - Lomas valentinas.
Fragmentos del comentario publicado en http://razonyfuerza.mforos.com

La Batalla de Itá Ybaté,  va del 21 al 27 de diciembre de 1868. Es llamada también de Lomas Valentinas, y los brasileños la llaman Dezembrada.

La batalla de Lomas Valentinas, librada entre el 21 y el 27 de diciembre de 1868, fue una de las más sangrientas - y definitivamente - la más larga de cuantas se libraron durante la Guerra de la Triple Alianza. Recibió aquel sonoro nombre un conjunto de lomas que incluían las del Cumbarity, Acosta, Potrero Mármol e Itá Ybaté, al sur de la Villeta del Guarnipitán. El mariscal Francisco Solano López había instalado su campamento en la Loma Acosta el 8 de setiembre de 1868. Y desde allí habían partido las raleadas fuerzas paraguayas derrotadas por la Alianza el 6 de diciembre en Ytororó y el 11 siguiente en Abay. La línea del Pikysyry se desmoronaba.

El Ejército paraguayo había quedado reducido a un contingente de apenas 4.000 según el  testimonio del coronel Thompson. A las tres de la tarde de aquel 21, en traje de gala, las tropas aliadas iniciaron el avance desde Villeta. Los paraguayos respondieron "vomitando fuego (...) y causándoles horribles estragos". Pero el número de atacantes era infinitamente superior al de los defensores y aquellas pérdidas eran repuestas con celeridad. Ya en las puertas de los líneas paraguayas, el combate se generalizó en un rabioso cuerpo a cuerpo: a lanza, sable y bayoneta. Finalmente, ya con las primeras sombras de la noche, se produjo la retirada aliada en medio de una gran mortandad de ambas fuerzas.

Hubo prodigios de coraje: Felipe Toledo, de ochenta años, carga diez veces al frente de la escolta presidencial para caer en la décima; Valois Rivarola, con una herida recibida en Avay, abandona el hospital y toma el primer caballo que encuentra. Una bala le rompe el cráneo: sujetando la masa encefálica, que se le escurría, con los dedos de una mano, con la otra disparaba su carabina.

“Seis mil heridos, hombres y chiquillos, llegaron a ese campo de batalla el 21 de diciembre y lucharon como ningún otro pueblo ha luchado jamás por preservar a su país de la invasión y la conquista. También otros muchos se han escapado de las pocilgas que servían de prisión a los invasores, en cuyas manos habían caído.” (General Martin T. McMahon (ministro de E.E.U.U. en Paraguay, presente en la batalla), The War in Paraguay, “Harper’s Magazzine”, abril de 1870).

El día 22 y a los efectos de reponer las más de 6.000 bajas, el mariscal Caxías solicitaba al general Gelly y Obes el concurso de las fuerzas argentinas. Con mayores preocupaciones que las de sus adversarios, López ordenaba al coronel Centurión recorriera las líneas "...con cuatro soldados y un sargento" para "recoger pertrechos de los enemigos muertos". Mientras tanto, le llegaban refuerzos "desde Cerro León, Caapucú y el Paso del Ypoá".

Con el aporte de las fuerzas de Gelly y Obes -que incluían 9.000 hombres más los 800 hombres del contingente oriental- los aliados se limitaron el día 23 a realizar rodeos y reconocimientos en previsión a un nuevo asalto. Los paraguayos se preparaban para resistir "hasta el final".

El 24 los aliados hacían llegar a López la intimación a rendirse.
“Las miradas de su ejército están posadas sobre él, y él  nunca ha permitido a un jefe paraguayo deponer las armas. Sean cuales fueren las probabilidades adversas, nunca ha dejado a sus oficiales otra posibilidad que la de luchar. Ahora el destino le lanza ese reto ante las miradas de su ejército y de sus enemigos. Agita una mano desdeñosamente.
-Mis saludos al mariscal marqués de Caxias –dice ásperamente.- El Paraguay pelea hasta el último hombre.
Los soldados que se hallan más cerca de él prorrumpen un “¡Viva!” que encuentra eco en toda la extensión de la línea a medida que la noticia del desafío se transmite de hombre a hombre. Vitorean una y otra vez; muchachitos de nueve a diez años y hombres de setenta: soldados todos.

--El Brasil pregunta y el Paraguay contesta … -dice.

Puede ver a lo lejos las gorras blancas de la caballería brasileña que se prepara para otra carga. A lo largo de sus propias trincheras puede ver a  chiquillos que sostienen fusiles y a ancianos que se apoyan contra las barricadas. Por encima de su cabeza, las balas silban.”

El día 25 la artillería aliada accionó "en semicírculo" sobre la posición paraguaya. El estruendo de 46 piezas de artillería fue algo nunca visto en la guerra, acotó Thompson. A este fuego infernal siguió el asalto de la caballería. Si bien rechazada ésta, una y otra vez, cada ataque dejaba a las huestes de López cada vez con menos hombres para sostener los embates. En toda la línea ya no quedaban sino 1.000 efectivos. De los 32.000 con los que los aliados iniciaron la batalla, restaban sin embargo unos "20.000 hombres sanos". Además de bien montados y con una artillería devastadora.

“El cuartel general empezó a llenarse de heridos, pero ninguno se retiró de las líneas a excepción  de aquellos cuyas heridas eran tales como para incapacitarlos positiva e inmediatamente para seguir luchando. Niños de tiernos años llegaban arrastrándose, las piernas hechas pedazos o con horribles heridas de bala en sus cuerpos semidesnudos. No lloraban ni gemían ni imploraban médicos. Cuando sentían con fuerza el contacto de la mano misericordiosa de la muerte, se acostaban y morían tan silenciosamente como habían sufrido.”
(General Martin T. McMahon, The War in Paraguay, “Harper’s Magazzine”, abril de 1870).


El Ejército paraguayo, compuesto con nada más que heridos y niños, estaba completamente rodeado. Se sumaba a la situación un hecho que también se verificaba por primera vez en la guerra. La presencia de mujeres en los contingentes paraguayos. Una de los protagonistas y heroínas de la batalla fue una muchacha quinceañera, Ramona Martínez. Esta mujer llegó peleando hasta Cerro Corá y sobrevivió a la guerra.

 La artillería brasileña ha logrado la distancia justa y cuando la caballería comienza a ascender la empinada cuesta, el cuartel general de López cae con estrépito. La paja seca que le sirve de techo se enciende y el fuego se propaga rápidamente en dos direcciones entre los refugios endebles de la ciudad.

El ejército paraguayo retrocede peleando hasta las calles en llamas de su campamento, hostigado por la caballería enemiga. Hombres y mujeres caen bajo las lanzas.

López ya “No tenía soldados, no tenía proyectiles, no tenía que comer. Solo noventa fantasmas le rodeaban en la cumbre de la trágica colina, aguardando sus palabra para correr a la muerte”
 Está en las trincheras cuando rompen las líneas y lucha, cuerpo a cuerpo, mientras se repliega con su estado mayor hacia la ciudad llameante.
- La resistencia es inútil, Excelencia –le gritan -, pero con usted seguimos todavía invictos.
Los aliados cargan ahora por millares. Con un peso en el corazón, se aleja y galopa hacia las sierras.

: “El ejército paraguayo quedó liquidado; al mariscal López lo rodeaban apenas cien sobrevivientes (de 9000 soldados que habían luchado contra 25000 brasileños). Pero este puñado quedó dueño de la situación y las fuerzas brasileñas se sintieron alcanzadas por una colosal derrota. O’Leary comenta el hecho así: En esta batalla debió terminar la guerra. Un regimiento de caballería hubiera bastado para rodear a aquellos curiosos vencedores. Pero si no teníamos más que noventa hombres sanos, aún nos quedaba una fuerza moral tan grande que ante el sólo recuerdo de lo que habíamos sido, el enemigo se sentía abrumado y miraba con terror esas lomas pobladas de  muertos”.


Ilustración de un combate en una batalla de la Triple Alianza

Fotografía del Gral. Máximo Santos cuando todavía era capitán (a la derecha).

En 1885,  durante la presidencia de Bernardino Caballero,   la República Oriental del Uruguay, siendo presidente el general Máximo Santos,  s, realizó la devolución de los trofeos de guerra al Paraguay y la condonación de su deuda de guerra. La delegación fue presidida por el Ministro de Guerra genera Máximo Tajes,  y acompañada por la Banda de Músicos y una Sección del Batallón 5° de Cazadores. Por este gesto la plaza San Francisco de Asunción, cambió de nombre por el de República del Uruguay.
El 16 de agosto de 1954 el presidente argentino teniente general Juan Domingo Perón, entregó en Asunción al presidente paraguayo general Alfredo Stroessner  los trofeos de guerra que las fuerzas argentinas habían conquistado a las paraguayas. Los trofeos devueltos fueron trasladados en los rastreadores de la Armada Argentina  ARA King y ARA Murature.
"Vengo como un hombre que viene a rendir homenaje al Paraguay en el nombre de su sagrado Mariscal Francisco Solano López y hago llegar el abrazo del pueblo argentino a esta Patria tan respetable y tan querida. En nombre de esa amistad y de esa devolución del pueblo argentino, pongo en manos del mandatario de este pueblo, como las reliquias, el testimonio de nuestra hermandad inquebrantable."

Entrega de trofeos de guerra por Perón.
Esta fotografía fue tomada frente a la que fuera vivienda de Carlos Antonio López en el Jardín Botánico de Asunción.
Fuente Wikipedia, la enciclopedia libre.

Cándido López, argentino, (1840-1902) pintó unos 50 cuadros ilustraciones de la Guerra de la Triple Alianza.  Había sido subsidiado por el gobierno de Mitré luego de sufrir la pérdida de su brazo derecho en la batalla de Curupayty.

ENTREVISTA EN JATAITY KORA


http://www.lagazeta.com.ar/yatayty_cora.htm
Entrevista en Jataity Kora. 12 de septiembre de 1866.-  La guerra pudo haberse detenido de no ser de la intransigencia de Mitre.
López vestía uniforme de mariscal, Mitre un desconcertante traje de guerra: levita negra y chambergo, con una espada al flanco. Estaba delgado y macilento, tal vez por las preocupaciones bélicas de Boquerón: "tenía cierta semejanza con don Quijote"- comentará el coronel Thompson.

- Siento, general habría dicho López , conocerlo tan tarde.

- Ya nos tratamos el año 61, cuando usted me hizo el honor de visitarme en Buenos Aires.(1)

- Cierto. Pero entonces usted me habló de libros y no de política.

La entrevista fue cordial, aunque López le recrimina con firmeza a Venancio Flores su responsabilidad de la guerra.

López propone la paz; no se conocen los términos exactos de su propuesta que López se llevó a la tumba y Mitre no la reveló jamás. Pero como se acababa de conocer el tratado de la Tripe Alianza, no cuesta suponer que López pedía la paz con la sola condición de no cumplirse el despojo.


 
Ancianos de Encarnación, sobrevivientes de la Guerra de la Triple Alianza.



 
Fotos de prisioneros paraguayos capturados en 1866.-


Hospital donde se atendía a los heridos paraguayos en la guerra.

La ruina de Humaitá, que es la iglesia de San Carlos Borromeo, bombardeada durante meses por la flota aliada, es el símbolo de esta comunidad.
Ruina de Humaitá: es prácticamente el último vestigio en pie de los bombardeos de los cañones aliados en tiempo de la guerra. Era la iglesia de San Carlos Borromeo, mandada construir por Carlos Antonio López e inaugurada el 1 de enero  de 1861.


 
 Ilustración de mujer paraguaya observando los destrozos de la guerra, hecha por el uruguayo Blanes y exhibida en el Museo Nacional de Artes Visuales de ese país.

 
 Mujer montonera.  Argentinos de las provincias estuvieron en contra de la Guerra fratricida.

Al conocer, el argentino catamarqueño Felipe Varela,  los términos del tratado secreto de la “Triple Alianza”, no lo pensó dos veces; dio órdenes de vender la estancia y con el producto compró unos pocos fusiles Einfield y dos cañoncitos de desecho militar chileno. Los llamó “los bocones”. No le alcanzó para más, para incentivar a sus hombres contrató una banda de músicos chilenos, y se largó a cruzar la cordillera.

Felipe Varela (Huaycama, departamento de Valle Viejo, provincia de Catamarca, 1821 – Ñantoco, Chile, 4 de junio de 1870), estanciero y militar argentino, líder del último pronunciamiento de los caudillos del interior contra la hegemonía política conquistada por la provincia de Buenos Aires en la batalla de Pavón. Contrario a la Guerra del Paraguay o Guerra de la Triple Alianza, fue apodado el Quijote de los Andes por el desafío que plantó al gobierno central con un reducido ejército de menos de 5.000 hombres, hizo frente a éste en la región andina y cuyana durante varios años. Finalmente derrotado, murió exiliado en Chile.

La figura de Varela, como tantas otras de la época, resulta fuertemente controvertida; los historiadores revisionistas han reivindicado su oposición a Bartolomé Mitre y a la Guerra del Paraguay. Otros autores han apreciado la lucidez del Manifiesto con el que proclamó su oposición a Mitre, una de las expresiones más acabadas y expresivas del ideario federal. (Wikipedia)

 
Campamento de la guerra del 70

ACOSTA ÑU

 
Niño soldado lisiado, sobreviviente de Acosta Ñu

Dice Juan José Chiavenatto: “Los niños de seis a ocho años, en el fragor de la batalla, despavoridos, se agarraban a las piernas de los soldados brasileros, llorando que no los matasen. Y eran degollados en el acto. Escondidas en al selva próxima, las madres observaban el desarrollo de la lucha. No pocas agarraron lanzas y llegaban a comandar un grupo de niños en la resistencia”……. “El Conde D´Eu, un sádico en el comando de la guerra,“después de la insólita batalla de Acosta Nú, cuando estaba terminada, al caer la tarde, las madres de los niños paraguayos salían de la selva para rescatar los cadáveres de sus hijos y socorrer los pocos sobrevivientes, el Conde D´Eu mandó incendiar la maleza, matando quemados a los niños y sus madres.” Su orden era matar "hasta el feto del vientre de la mujer".

“Mandó a hacer cerco del hospital de Peribebuy, manteniendo en su interior los enfermos – en su mayoría jóvenes y niños – y lo incendió. El hospital en llamas quedó cercado por las tropas brasilera que, cumpliendo las órdenes de ese loco príncipe, empujaban a punta de bayoneta adentro de las llamas los enfermos que milagrosamente intentaban salir del la fogata. No se conoce en la historia de América del Sur por lo menos, ningún crimen de guerra más hediondo que ese.” (de la misma fuente- Chiavenatto. "A guerra do Paragaui) Caballero formando un cuadro con sus tropas se defendió como pudo hasta que, dispersados los restos de sus fuerzas, confundido en el tumulto inmenso de la lucha, pudo cruzar, sin ser reconocido, entre regimientos y batallones, llevando en tras de sí a los pocos que habían escapado de la matanza.


Ilustración de Cándido López de los campos quemados de Acosta Ñu.

Fuentes:

- Chiavenatto Juilio José. Genocidio Americáno: A Guerra do Paraguai.-Sao Paulo
- José María Rosa . La Guerra del Paraguay y las Montoneras argentinas.

- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

 
Estragos de la guerra...

 
Los últimos soldados del Paraguay eran ancianos y niños...

 

 
Ex combatientes de Tujuti

 
Campamento de la guerra grande

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